Las obras que favorecen este crecimiento son múltiples. Algunas, por sus características, facilitan la lectura ofreciendo a los chicos territorios conocidos: obras pensadas especialmente para niños o jóvenes –como las de María Elena Walsh, Elsa Bornemann, Ema Wolf, Graciela Cabal o las de Michael Ende o Christine Northingler...–; leyendas e historias argentinas y americanas; títulos conocidos a través de versiones cinematográficas cuya lectura significa un reencuentro con aventuras ya vividas; relatos divertidos donde los chicos logran dar una lección a
adultos malhumorados... Otras obras, en cambio, con el acompañamiento del docente, proponen verdaderos desafíos, que les permiten participar de una comunidad de lectores, sin fronteras de edad.
A través de la biblioteca de la escuela o de los vínculos con bibliotecas cercanas, se facilita el acceso de los alumnos a la multiplicidad de obras y su participación reiterada en situaciones de lectura; pero es sobre todo el maestro, lector y "recomendador".
Fue tan importante generar este espacio que surgió la posibilidad de armar un mini taller de literatura vistual; fue así que leimos muchas poesías de diversos autores y poco a poco nos adentramos en el mundo maravilloso de las letras. Aquí solo algunas de nuestras producciones.

Si ves un monte de espumas
es mi verso lo que ves:
mi verso es un monte, y es
un abanico de plumas.
Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor:
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido:
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
mi verso, breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.
José Marti
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